
“Nos anima, nos enseña, nos guía”
“Iesus Christus, perfectus Deus, perfectus Homo” –Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre. Muchos son los cristianos que siguen a Cristo, pasmados ante su divinidad, pero le olvidan como Hombre..., y fracasan en el ejercicio de las virtudes sobrenaturales –a pesar de todo el armatoste externo de piedad–, porque no hacen nada por adquirir las virtudes humanas. (Surco, 652)
2000/01/10
Enamórate de la Santísima Humanidad de Jesucristo.–¿No te da alegría que haya querido ser como nosotros? ¡Agradece a Jesús este colmo de bondad! (Forja, 547)
¡Gracias, Jesús mío!, porque has querido hacerte perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se sujeta heroicamente al deber, y se conduce por la misericordia; que vela por los pobres y por los ricos; que cuida de los pecadores y de los justos... ¡Gracias, Jesús mío, y danos un corazón a la medida del Tuyo! (Surco, 813)
En esto se concreta la verdadera devoción al Corazón de Jesús: en conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, y en mirar a Jesús y acudir a El, que nos anima, nos enseña, nos guía. No cabe en esta devoción más superficialidad que la del hombre que, no siendo íntegramente humano, no acierta a percibir la realidad de Dios encarnado.
Jesús en la Cruz, con el corazón traspasado de Amor por los hombres, es una respuesta elocuente ‑sobran las palabras‑ a la pregunta por el valor de las cosas y de las personas. (Es Cristo que pasa, nn. 164-165)
DESTACAMOS
SAN JOSEMARÍA
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2013/05/20




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