Ganar la lotería... en Líbano

Nunca se imaginó que viviría tan lejos de su casa. Hoy se encarga de la comunicación de una ONG en Beirut, es corresponsal de un medio de comunicación y enseña español en un colegio.

En primera persona

Ya desde pequeña se imaginaba viviendo lejos de su casa, pero tal vez nunca sospechó que sus 26 años la encontrarían viviendo en otro continente. Se trata de Julia Mendoza , una periodista nacida en la misma provincia que le dio el apellido, que vive desde finales de 2010 en Beirut, capital del Líbano. Allí trabaja en la comunicación de una ONG, es corresponsal de una publicación de España y enseña español en un colegio secundario.

Graduada en la Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), su primer destino fuera de la provincia fue Buenos Aires donde tuvo un empleo en su área.

“Allá se me abrió un panorama profesional increíble, la gente es muy competitiva y nadie se queda en la licenciatura. Los masters, posgrados y doctorados te invaden por todos lados, así como también la posibilidad de participar en congresos y conferencias de alto nivel o en otro idioma me invitaba a más”, relató la joven vía mail.

Pero hubo un aspecto clave en su vida que fue determinantes para trasladarse a su ciudad actual: “Lo social es algo que me ha tirado mucho desde siempre. Mis pasiones podrían traducirse en viajar (conocer otras culturas, otros idiomas, etc) capacitarme y darme a los demás. En la base de este combo de ideales se encuentra el camino ya emprendido hace diez años, cuando decidí dedicar mi vida a Dios a través del Opus Dei . Fundamentalmente, difundir la alegría de estar cerca de Dios y hacer felices a los demás por medio de una vida como la de cualquiera”, contó Julia y remarcó que justamente desde allí le llegó la oportunidad de trasladarse hacia el Líbano lo que para ella fue “como ganarse la lotería”.

“Cuando llegué empecé a trabajar en la comunicación de una ONG creada por varias mujeres del Opus Dei que llegaron al país hace 15 años. Se llama Prodes (Promotion et Developement Social, en francés) y se dedica a actividades de capacitación profesional para el desarrollo de la mujer y del país. Además, promueve muchas actividades con refugiados. La idea es ir involucrando a los libaneses en la tarea de la reconstrucción y en el desarrollo a nivel político y legislativo. Por supuesto, ya hay muchas personas trabajando y se han hecho muchos avances”, explicó quien previo a partir tuvo que estudiar árabe y francés.

¿Cómo describirías a los habitantes de ese país?

Aquí el panorama es muy distinto al de Argentina, no se ve mucho clase media y las razones de pobreza distan enormemente de las nuestras. Mientras que allá los pobres son miserables y hay mucha delincuencia y drogas, aquí son desplazados de guerra, libaneses, palestinos, iraquíes y últimamente miles de sirios.

Las diferencias sociales son increíbles. En Beirut puedes ver un Ferrari, un Mini Cooper, un Audi de todo estilo, o BMW y Mercedes como si costaran sólo unos dólares. Al mismo tiempo encuentras coches de los años sesenta que vivieron toda la guerra del 75 al 90. Lo ves también en las calles, al lado de grandes edificios hay casas completamente destrozadas, pero ellos viven como si nada.

La gente a su vez es muy acogedora; apenas te conocen te invitan a su casa; pueden no tener dinero, pero siempre están dispuestos a servir café o frutas de la cosecha, o te sirven agua que aquí es cara. Y eso pasa mucho entre los libaneses de cualquier clase y religión, no desconfían de nadie y el nivel de robos es híper bajo.

¿Cómo percibís las diferencias culturales?

Creo que puedo aprender más de la cultura, pero hay cosas como el asado, las guitarreadas, ir al parque (no hay casi plazas y hay unos pocos parques, pero cerrados al público) que son irreemplazables. Aquí hay cosas que en Argentina no existen, o casi, por ejemplo es un país mitad musulmán, hay mezquitas por todos lados, muchas mujeres con velos. A su vez ellas, a diferencia del resto del mundo árabe, van vestidas a la última moda y sólo usan el velo en la cabeza, mangas largas todo el año y algo largo, camisa o vestido que llegue hasta las rodillas.

¿Cómo es un día de tu vida?

Últimamente me ha cambiado un poco la vida, porque al haber avanzado en el francés, tengo la posibilidad de ampliar el campo de trabajo y me preparo con muchas expectativas para poder empezar un master aquí, cuando se dé la oportunidad. Así es que además de la ONG y la ayuda social, se ha sumado la corresponsalía para una publicación de España y enseñar español en un colegio secundario. Por lo demás sigo manteniendo mis costumbres del cuidado de la casa, y en el campo espiritual, así como hacía allá, voy a misa diaria, rezo e intento acercar a mis nuevas amigas a Dios.

¿Volverías?

Por ahora, sólo pienso en que volveré a visitar en algún momento. Creo que me estoy haciendo en este país y me gustaría descubrirlo a fondo; por otro lado, estoy muy tranquila porque la gente que quiero de allá está muy bien y aquí estoy haciendo nuevas amistades y hay mucho para trabajar.

  • Carla Romanello // Los Andes (Argentina)