Guadalupe Ortiz de Landázuri (Voz del diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer)

Voz "Guadalupe Ortiz de Landázuri" del Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer.

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PDFGuadalupe Ortiz de Landázuri (Voz del diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer)

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(Nac. Madrid, 12-XII-1916; fall. Pamplona, 16-VII-1975). Hija de Manuel y de Eulogia, Guadalupe fue la única niña y la menor de los hijos que tuvo el matrimonio. Cuando tenía diez años, su padre, militar, fue destinado a Tetuán. Allí permaneció con su familia durante un lustro. En 1933, Guadalupe comenzó la carrera de Ciencias Químicas en la Universidad Central de Madrid. La terminó en 1940, después de la Guerra Civil española.

Conoció al fundador del Opus Dei el 25 de enero de 1944, en el primer Centro de mujeres de la Obra situado en la calle Jorge Manrique, 19: “Tuve la sensación clara –escribió– de que Dios me hablaba a través de aquel sacerdote, sentí una fe grande... fuerte reflejo de la suya y me puse interiormente en sus manos para toda mi vida” (citado en Eguíbar, 2001, pp. 45-46).

El 15 de septiembre de 1947, por indicación de san Josemaría, aceptó ser la directora de la Residencia de estudiantes Zurbarán, en Madrid, aunque pensaba que no estaba preparada. Escribió en su agenda que “la casa se me representa como una cruz, quiero llevarla a plomo y con mucha alegría” (citado en Eguíbar, 2001, p. 81). El fundador le enseñó las tareas de dirección, con la delicadeza que vivió siempre con las mujeres de la Obra.

En 1950 san Josemaría le preguntó si aceptaría iniciar el apostolado de las mujeres en México; respondió afirmativamente. Salió de Madrid junto con dos más, para México, el día 5 de marzo. Al llegar, tuvieron una grata sorpresa: una carta del fundador donde les decía que las recordaba con mucho cariño y las encomendaba. De inmediato fueron a rezar a la Virgen de Guadalupe en su basílica, para poner a sus pies, como habían aprendido de san Josemaría, la labor apostólica que iban a realizar. El desarrollo en México fue considerable y rápido. Se extendió a todas las clases sociales, se abrieron diversos Centros del Opus Dei, y comenzó la expansión a otros estados como Guadalajara, Culiacán, Morelos, etc.

En 1952, recibieron una carta del fundador en la que les decía: “pienso que la labor con campesinas será de mucha gloria para Dios y un gran servicio para esa gran Nación, ¡cuántas almas sensatas vais a encontrar!” (Noticias, 1970, p. 410: AGP, Biblioteca, P02). La mayoría de esas muchachas campesinas, una vez terminada su formación básica, regresaron a sus pueblos y formaron familias cristianas; otras encontraron su camino cristiano como fieles del Opus Dei.

En 1953, san Josemaría consideró que sería bueno que las primeras mujeres mexicanas que habían pedido la admisión de la Obra en esos dos años, fueran a Roma para enriquecer su formación; algunas pudieron hacerlo realidad. Otra decisión de san Josemaría fue que también ellas, si así lo disponían libremente, podrían contribuir a la expansión apostólica de la Obra en otros países. Poco después, el fundador les escribió una larga carta desde Roma, en la que les comunicaba entre otras cosas: “Estoy muy contento con la venida de estas Mexicanas, que Dios os bendiga” (Noticias, 1970, p. 411: AGP, Biblioteca, P02).

En 1956 Guadalupe enfermó del corazón y se trasladó un tiempo a Roma. Su marcha de México fue definitiva. En Roma recibió la visita de san Josemaría varias veces. Un día llegó especialmente alegre, con un telegrama del Santo Padre Pío XII donde le decía que la había encomendado especialmente en el Santo Sacrificio de la Misa y que había pedido por su restablecimiento. Se había enterado de su enfermedad por el príncipe Pacelli, un sobrino suyo que, a su vez, era amigo de don Álvaro del Portillo. En los primeros días de mayo de ese año tuvo que dejar Roma, ya que el clima húmedo no era propicio para su enfermedad y se trasladó a Madrid.

El 15 de mayo de 1974, de paso hacia Río de Janeiro, el fundador recibió en Madrid a un grupo de hijas suyas. En la reunión, en un cierto momento san Josemaría se volvió hacia Guadalupe y le dijo: “tú fuiste a México únicamente con tu alma joven, la bendición del Padre y con deseos de pegar la divina locura de nuestra vocación... Aquello ahora es espléndido... Así están en otras partes del mundo: esperando, esperando”. Ella anotó el encuentro con estas palabras: “Sentí una vez más que el Señor estaba allí entre el Padre y yo. Su fe fuerte arrastraba la mía como tantas veces...” (AGP, serie S.2.GOL, T-Obdulia Rodríguez).

El 1 de julio de 1975 fue operada de corazón. Cinco días antes, había fallecido el fundador de la Obra. Don Álvaro del Portillo, entonces Secretario General del Opus Dei, pidió a las mujeres de la Obra que rezasen a san Josemaría, durante la santa Misa, para que Guadalupe saliera bien de la grave operación, aceptando siempre la Voluntad de Dios. De hecho Guadalupe murió el 16 de julio de 1975, día de Nuestra Señora del Carmen, en la Clínica Universidad de Navarra, de Pamplona, procurando vivir las palabras que sobre la muerte escribió san Josemaría: “Para mí, la muerte es Vida, la muerte es el Amor. ¡Si no nos morimos!: cambiamos de casa y nada más... Dios se lleva a las almas cuando están maduras” (Noticias, 1975, pp. 766-767: AGP, Biblioteca, P02).

El 4 de enero de 1980, Mons. Abraham Martínez, obispo de Tacámbaro (México), escribió en el Diario de Yucatán: “Aún recuerdo a la Dra. Guadalupe Ortiz de Landázuri, que murió santamente hace cuatro años: una mujer de gran distinción y elegancia, y amplia cultura, y cosa poco frecuente en aquellos tiempos, química de profesión, recorriendo poblados, muchas veces por caminos de brecha a caballo, hablando con aquellas queridas gentes de mi tierra! Qué bien entendían y asimilaban lo que les transmitía”.

El 6 de enero de 2001, el obispo prelado del Opus Dei determinó solicitar la apertura de la causa de canonización y el 18 de noviembre, la archidiócesis de Madrid inició el proceso.

Voces relacionadas: México.

Bibliografia: Mercedes Eguíbar Galarza, Guadalupe Ortiz de Landázuri. Trabajo, amistad y buen humor, Madrid, Palabra, 2001.

Mercedes Eguíbar Galarza